Abrimos la noche…

Aunque estemos en pleno invierno, todos hemos vivido de primera mano ese calor asfixiante tan propio del metro madrileño. Y más aún en paradas como Plaza de España, ese punto de encuentro entre los que entran despidiendo el día y los que salen con un único pensamiento: “comienza la noche“.

Tras varios codazos y algún que otro grito de mujer a consecuencia de un robo, por fin consigues subir a la superficie, y es entonces cuando el ambiente que te rodea cambia 360º. Y no solo por el frío que golpea tu cara, sino porque ante ti se dibuja un Madrid en plena efervescencia o, para darle ese aire de respeto perdido, mejor diremos la “jungla de asfalto”. Multitud de gente que camina sin rumbo fijo, carteristas ansiosos ante tanta presa, atascos de carruajes con bombillas verdes,  extranjeros que buscan el próximo bar donde seguir la búsqueda del “sueño español”, universitarios cargados camino del templo de Debod, novios que ponen caras de circunstancia cuando les ofrecen un flyer de algún “cabaret”, manifestaciones de antidisturbios o la cegadora iluminación que proviene de las franquicias que invaden la Gran Vía.

Muchos de vosotros ya estaréis pensando: “menuda mierda de noche que está dibujando”. Pero ese es precisamente nuestro objetivo, romper con el mito de lo superficial que muestra la capital para adentrarnos en las posibilidades culturales que nos ofrece la noche. Porque de noche las canciones suenan mejor. Porque las mejores historias se han escrito de noche. Porque de noche los guionistas se encuentran con sus personajes. Porque de noche los artistas hacen frente al insomnio a golpe de creatividad. Porque las fotografías de noche nos parecen más bonitas. Porque la cultura es noctámbula por naturaleza.

¿Aún no te he convencido? Existen un sin fin de ejemplos… Si no hubiera sido por la noche, los Rolling Stones no se hubieran “exiliado en la calle principal”, ni Bukowski  ahogado sus penas, ni Dalí, Buñuel o Scott Fitzgerald  disfrutado de su media noche en París, y ni C. Baxter hubiera terminado jugando a las cartas con la señorita Kubelik en su apartamento de soltero.

Hoy somos unos cuantos los que subimos el cierre de este blog para plantearles una filosofía que podríamos resumir en una frase del prólogo escrito por David Trueba en su primera novela (de la cual tomamos el nombre): “como dijo Ambrose Bierce, el hogar es el único local abierto toda la noche». Así que hagamos un pacto y siéntanse como en su casa: 

Puedes escuchar la lista completa de “Abriendo la noche” en Spotify.

Imagen: Alejandro Castro

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