Alma de Freedonia

 

La evolución que Freedonia ha experimentado en los últimos años podría comenzar a ser estudiado como un fenómeno sociológico, económico y obviamente musical. Desde que comenzaron en plena crisis económica han conseguido demostrar que un modelo diferente de autogestión en la industria musical es posible. ¿La fórmula? Aunque podrían entrar bastantes factores en el juego, resumámoslo en que todo radica en la conexión entre un grupo de amigos que comparten un mismo objetivo: contar historias reales con las que el público se sienta identificado. Y sienta. Y baile. Y cante.

De esta forma han conseguido que este público sean sus propios mecenas, apoyándoles en lo emocional y en lo económico. Así ha nacido Shenobi, el nuevo álbum de la banda madrileña en el que a través de 20 canciones grabadas en directo – algo impensable hoy en día – nos cuentan la historia de una niña que se ha transformado en mujer. En esta ocasión el proyecto tiene más historias que contar de fondo, como la participación en la BSO del documental La manzana de Eva (José Manuel Colón), o la colaboración con la organización Mundo Cooperante. Ambos proyectos luchan contra la mutilación femenina, un problema que, como indica Maika (cantante), no sólo es problema de algunos. Es un problema de todos.

Llevo siguiendo la pista a Freedonia desde hace tiempo, desde que tocaban en las fiestas de los pueblos de Madrid, pasando por la Sala Caracol o la Joy Eslava. De hecho ya me las vi con ellos en otra entrevista para Abierto Toda la Noche, sólo que por temas de incompatibilidad de horarios finalmente tuvimos que realizarla por la maldita práctica del email. En esta ocasión no quería perder la oportunidad de vernos las caras, así que me desplacé hasta su estudio para charlar con ellos.

Ángel Pastor: “Lo que pasa en la industria musical es que muchas veces no se cuentan historias”.

 

¿Cuál es la historia de Freedonia?

Ángel Pastor: Es una historia de amistad y trabajo colectivo, en la que un día unos amigos se juntaron para tocar por las playas, divertirse y tomar unas cervezas. Poco a poco fue creciendo el proyecto, hasta que nos vimos con un proyecto autogestionado que nos ha dado resultado.

¿Qué queréis contar con vuestro nuevo álbum Shenobi?

Maika Sitté: Shenobi cuenta el crecimiento de una mujer que fue niña en Dignity and Freedom. Las experiencias y emociones que todos experimentamos en las diferentes etapas de la vida. Puedes estar contento o puedes estar triste, te puedes enamorar… Puedes ver injusticias, también hablamos sobre los refugiados y lo inhumanos que podemos llegar a ser en muchas ocasiones.

¿Tiene algo que ver el crecimiento de esa mujer con el vuestro crecimiento como banda?

M.S: Yo creo que si. Desde Beggin’ you, el primer tema que tocamos juntos, siempre nos hemos conectado entre todos muy bien, y eso no te pasa con mucha gente. Yo creo que con el tiempo hemos ido creciendo como banda y como personas. Todo lo que hemos vivido en este tiempo lo hemos contado, y en estos 20 nuevos temas hemos tenido la oportunidad de contar mucho más todavía.

¿Cuánto hay de dignidad y libertad actualmente en la industria musical?

A.P: Hace unos días veíamos lo que ocurría en Eurovisión, lo hemos seguido todos por la prensa… Precisamente si hablamos de historias, lo que pasa en la industria musical muchas veces es que no se cuentan historias. De una canción que no cuenta nada, no hay nada. Da igual que lo adornes con fuegos artificiales, luces o una cara guapa. Por otro lado vemos otro contexto musical, en Madrid y otros lugares que descubrimos cuando viajamos, en el que si se están haciendo cosas muy buenas. Grupos que experimentan como nosotros, influencias de otros países. Por ejemplo, el nivel de salas de conciertos que tenemos es muy bueno, los músicos están muy preparados.

¿Qué creéis que os ha hecho conseguir el éxito en tan poco tiempo?

M.S: Creo que es porque contamos historias que a todos nos han pasado, que te identificas con ellas. Todos nos hemos enamorado y desenamorado alguna vez. Hay una frase muy bonita de una de las canciones del nuevo álbum que dice “solo con el amor se pueden conseguir cosas”. Yo creo que con amor se puede conseguir todo en la vida.

Freedonia
Maika Sitté (voz) y Ángel Pastor (guitarra)

Maika Sitté: “Creemos en una cosa, y eso nos hace estar más unidos.”

Sois una banda de orígenes, de raíces puras como el soul o el r&b. ¿Es posible que esas canciones contaran más la realidad que las que escuchamos ahora?

M.S: De hecho yo creo que eso ha vuelto. Antes también había canciones de “mira que bonito es todo”, pero también había canciones que reivindicaban lo que se estaba viviendo, de canciones que luchaban por la dignidad, de gente que se daba cuenta que no les estaban escuchando y hablaban de cosas mucho más profundas. Cuando yo entré en la banda fue en el peor momento de la crisis económica, y nos ha costado muchísimo. Lo hemos pasado canutas y hemos tenido mucha suerte de que la gente financie nuestros proyectos. Todo esto nos ha marcado, y tenemos que contarlo. Creemos en una cosa, y eso nos hace estar más unidos.

Además de la historia de la mujer que contáis en las letras de Shenobi, este álbum tiene muchas más historias detrás.

M.S: ¡Muchas más! Hemos colabora con Mundo Cooperante, que es una organización que se ocupa de cuidar a las mujeres, sobre todo en este caso en África, con la mutilación genital. También hemos colaborado en la banda sonora de La manzana de Eva, un documental de José Manuel Colón que también trata sobre la mutilación genital, porque desgraciadamente se ha extendido por todo el mundo. De hecho este documental comienza en Barcelona.

El disco ha sido grabado en directo, ¿cómo ha sido el proceso?

A.P: La composición la realizamos como siempre entre todos. Para la grabación cogimos el Estudio 1, que son unos estudios de grabación muy grandes y muy bien equipados. Para poder grabar en directo con ocho instrumentos y una vocal necesitas una infraestructura grande, no puedes ir a cualquier sitio. Y… Un, dos, tres y el tema está básicamente listo [risas]. Luego elegimos las tomas que más nos gustaban, y fuimos construyendo sobre esa toma base. Hemos querido ser más ambiciosos en la producción.

Dicen que en el soul es tan importante lo que se cuenta como el cómo se cuenta. Desde el rol que tenéis cada uno en la banda, ¿cómo lo vivís?

M.S: A mi me ha pasado mucho. De repente llegas al estudio, ellos ya han hecho su trabajo y te toca sentirlo para poder cantarlo. Si no interpretas una canción, para mí no tiene sentido. No comprendo una música demasiado rápida si estás hablando de que tienes hambre. Es lo más importante para que una banda funcione en directo, y de no haber pasado, no seguiríamos juntos [risas].

A.P: Como guitarrista, entiendo el soul como un estilo en el que hay que arropar a la voz. Es el instrumento con más capacidad de transmitir y contar. Todos trabajamos en esa dirección.

¿Una canción tiene que provocar una reacción?

M.S: Absolutamente.

A.P: Puedes provocar muchos tipos de reacciones. Yo escucho muchos tipos de música, por ejemplo me gusta mucho la salsa clásica. No es reivindicativa, pero si me produce una reacción. Cada música tiene su momento. Nosotros si le damos esa intención a muchas de nuestras canciones pero porque el soul se presta mucho a ello. Pero por ejemplo, también puedo ir a un concierto de AC/DC y también me produce una reacción. No te deja para nada indiferente, moviendo la cabeza de un lado a otro como si estuvieses en trance [risas].

El otro día me saltó una canción recomendada en Spotify de Pedro Pastor, que se llama Desaprendiendo, que en la letra dice algo así como “el colegio no nos muestra la canción, como referencia ética utiliza a la religión…, la de la culpa como punto de vista”. Sin meternos en temas religiosos, ¿por qué creéis que a día de hoy la música sigue siendo un medio denostado cuando con ella puedes expresar mil valores?

M.S: Yo creo que hubo un momento, y todavía pasa, en el que la música era un pecado porque generaba en tí una forma de revolucionarse. Me encanta esta pregunta porque yo de pequeña estaba siempre pensando en mi música, y en realidad es que cuando te estás expresando y dices lo que sientes, estás haciendo una revolución. Nos educan como soldados, a decir, pensar y comportarnos como ellos quieren que seamos. Cada uno es diferente, y eso ya es una revolución.

A.P: Obviamente es una reflexión filosófica con la que podríamos estar muchas hora [risas]. La canción trata un tema de religión que hemos vivido muchos años…

Pero no quería referirme a eso. Es más bien el por qué al igual que te mandan leer un libro, ¿por qué no la música?

A.P: Eso que planteas es un error. Yo estudié un doctorado de acústica y tuve la suerte de hacerlo con Manuel Recuero, una eminencia en musicoterapia y acústica. Intentaba explicar el por qué la acústica hace reaccionar el cerebro de las personas y en algunos enfermos de Alzheimer. Nos mostraba como una canción puede ser sanadora para ese tipo de personas. El que no nos eduquen a través de la música es una falta de entendimiento de la gente que gobierna este país. La asignatura de música debería ser tan importante como la de matemáticas.

M.S: Claro, pero hay algo que la música tiene a diferencia del resto de asignaturas. Demasiada libertad.

¿Creéis que el Ministro de Educación y Cultura ha escuchado poca música?

M.S: ¡Absolutamente! [risas]

A.P: No se hasta que punto se mete él en esto, pero si. Hace poco fui a unas charlas TED, en la que había un catedrático que decía que muchos de sus colegas, que estaban también en grandes congresos y decían que eran grandes pensadores, luego se iban a tomar una copa y no eran capaces de moverse al ritmo de una música muy sencilla [risas]. Decía que sus cuerpos eran vehículos con los que transportaban sus cabezas [risas]. Falta expresión, y cualquier arte es expresión.

M.S: En mi casa, de pequeña siempre ha habido mucha libertad. Cuando ponían una canción y bailaba, mi padre nunca me dijo que no lo hiciese. Para ellos era bueno. En la comida sí me decían “no hables mientras comes”, pero nunca me prohibieron bailar [risas, en este momento Maika se ha puesto a bailar]. Hasta bailaba con la música del telediario [risas]. Es algo cultural, ahora vemos unos niños africanos bailando en Facebook y decimos “¡guau, ese niño vive la vida!”. No, esos niños también están tristes, lo que pasa que lo viven de una forma diferente. Cuando eres más desinhibido, ves la vida de otra manera.

Os he visto en la Joy Eslava y en la Sala Caracol pero, ¿qué nos vamos a encontrar de diferente esta vez?

A.P: Va ha ser la puesta de largo del disco, con nuevas cosas que estamos confeccionando. Y va a ser el agradecimiento a toda la gente que ha apostado por este álbum. Seguiremos la línea de hacer un show despertando distintas emociones.

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