El amor es más fuerte que las bombas

Crisis que traspasan personas

En general una película no debería clasificarse como buena o mala (salvo contadas ocasiones de culto). Cuando nos sentamos frente a un film, inmediatamente entran en juego todas las circunstancias pasadas, y presentes, del yo espectador. Ciertas características son más objetivas que otras, uno sabe cuándo una película está técnicamente bien hecha. Aunque en esto también tengo mis dudas, ya que hemos asimilado como correctos ciertos patrones y reglas que parece que el cine establecido no puede saltarse bajo ningún concepto, marginando las innovadoras que laten con fuerza y, espero, están por llegar.

Introducir esto es importante para hablar de la nueva película del noruego Joachim Trier. No deja de ser una película insustancial por la que se puede pasar superficialmente, si se elige esta vía. Sin embargo, en el fondo, reside una cierta sensibilidad muy enfocada en el terreno psicológico. Se presentan hasta cuatro formas diferentes de ver y querer a una persona. Tomando al personaje de una famosa fotoperiodista, y su muerte/suicidio, como referencia. Esto permite tratar, sin entrar mucho en detalle, el sufrimiento por el que pasan estos profesionales, no en el terreno de batalla, sino a su vuelta. Demasiadas imágenes y un sentimiento de estar fuera de lugar en cada momento, sin ser indispensable para nadie. Posibles consecuencias de estar a caballo entre un terreno y otro, no solo de contemplar e inmortalizar la brutalidad de la guerra.

Para reflejar estas emociones entran en juego unos actores brillantes. Gabriel Byrne, por el que siento una especial predilección, no termina de salir de su cara de tristeza eterna. Y pese a este papel de víctima constante, es increíble cómo puede matizar y mostrar la más mínima sutileza. Isabelle Huppert parece estar en su papel. Mientras que Jesse Eisenberg sorprende gratamente llevando el perfecto control en la evolución entre la madurez y la inmadurez de su personaje.

Desde un punto de vista totalmente personal, bajo años de admiración a cualquier obra cinematográfica sobre periodismo de guerra y con preferencia hacia el fotoperiodismo, ‘El amor es más fuerte que las bombas’ es un disfrute. Pero como comentaba al inicio, no será del disfrute de todo el mundo. Ya sea por el tema trillado o por la presencia de otros títulos como ‘Mil veces Buenas Noches’ (noruega también) que retratan esta situación con más fuerza.

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