El CSI del arte

Pues resulta que no era un amanecer. Impresión, sol naciente (MONET, 1873) se pintó al caer la tarde. Esta es la conclusión de un grupo de investigadores e historiadores del arte que, no contentos con dilucidar si se pintó al alba o al ocaso, precisan aún más el tiro y se atreven a decir que la escena del cuadro se pintó a eso de las 19:00 del 13 de noviembre de 1872. Una fresca tarde otoñal en la que la marea estaba alta, el aire soplaba del este y se pintó desde la segunda o tercera planta (aquí no se ponen de acuerdo) del desaparecido hotel de L’Amirauté, en El Havre (Normandía, Francia). Ahí es nada.

Este es el resultado de años de investigación echando números, tirando de trigonometría, de partes meteorológicos de la época, de consultar planos antiguos y viejas fotografías, de consultar a astrofísicos y de hacer uso de rayos X. Un trabajo más propio de un hipotético CSI Normandía que de un estereotipado y aburrido historiador del arte.

La nómina de astrónomos del CSI, por ejemplo, se la pasan escrutando los cielos pictóricos. En La adoración de los Reyes Magos de Giotto, la Estrella de Belén se representa como un cometa. Como el cometa Halley, concretamente, que allá por 1301 surcaba los cielos y el bueno de Giotto no pudo tener mejor inspiración y modelo para su cuadro. Y lo hizo sin saber de la periodicidad con que el cometa pasa por el vecindario porque si echamos cuentas (o las echan los del CSI), allá por el año 11 a.C. también rondó por aquí y ahí dejan el dato científico.

Fuente: fakeplus
Fuente: fakeplus

Y los psicólogos del CSI también entran en juego, que con sólo mirar los autorretratos de grandes pintores son capaces de diagnosticarle una profunda melancolía al pobre de Van Gogh, o una depresión de caballo a Goya.

Pero la palma se la lleva, sin duda, la famosa Gioconda. Es un auténtico vademécum de enfermedades y es digna de aparecer en la Anatomía de Gray (y la de Grey, si me apuras). La pobre tuvo de todo, a saber: bruxismo, alopecia, parálisis facial, retenía líquidos, tenía un lipoma en la mano, párkinson, heterocromía del iris, hipoacusia, oligofrenia, el colesterol alto y hasta un trastorno obsesivo compulsivo. Y todo sólo con mirarle la cara…

En este punto, a mí no me preocupa el misterio de su extraña sonrisa, el verdadero misterio del asunto es cómo es posible que se mantuviese en pie.

Imagen: Impresión, sol naciente (MONET, 1873)

 

 

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