Música para un domingo de latineo

El último metro: Reina del Amazonas

Suena Reina del Amazonas, canción del último álbum de The New Raemon que llevas semanas escuchando. Su ritmo es perfecto para afrontar con felicidad el paso de tortuga y el embudo que supone la salida de La Latina. Además el color verde de las paredes te sitúa un poco más en ese Amazonas de tu imaginación. Una imaginación que vuela hasta el momento del encuentro, en el que la/le veas llegar, centelleante, brillando hasta arder. Hoy no estás para hostias, deseas más. Ya aprendiste a perder y a querer, y quieres que esto funcione.  Empieza el trayecto: Ópera (Domingo, resaca, cita).

La primavera ya está aquí, la sangre altera, y el buen tiempo vuelve este fin de semana. ¡Cómo no aprovechar! Así que para desconectar de procesiones y semanas santas, hoy toca Rastro. Sin saber cómo ni por qué (bueno, el por qué es que esa chica/o que últimamente va detrás te lo ha propuesto. Sabes que no podías decir que no, y sabes sobre todo que es porque eres tú el que/ la que lo propuso en realidad). Así que te encuentras en un vagón de metro, rodeado/a de otras tantas sardinas en lata (parece ser que no todo el mundo se ha ido de vacaciones). Eso sí, sardinas de todos los tipos: madres y padres con sus hijos pequeños, ancianas, adolescentes revolucionados, treintañeros ilusionados, y otros tantos como tú con cara de resaca. Ya que, como tampoco podía ser de otra manera, las inofensivas cañas de ayer se terminaron convirtiendo en algo que se te fue de las manos.

Sigues amenizando la última parada con la canción en bucle (tiene algo que garantiza escucharla mínimo tres veces seguidas) y la estúpida idea de hacer escogido, un domingo más, bajarte en La Latina aunque sepas que la mejor opción es ir andando desde Tirso.

Por fin se abren las puertas, y todo el mundo sale en tropa. Infinitas escaleras mecánicas, que por esos 5 minutos tarde que llegas más te valdría subir andando. De repente, tu mirada de gran alcance y magnitud divisa a lo lejos a tu cita. También estancado/a entre la multitud. Te quedas un rato observando mientras llegas a los últimos golpes musicales de la canción y los nervios te llevan a quitarte los cascos, subir unos peldaños y ahí está, con ese vendaval descomunal que levanta su risa.

Ya podéis empezar a mataros de risa en este domingo de latineo.

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