El último metro: Turnedo

Empieza el trayecto: Principe pío (Sábado a las 21h)

Desde aquí, desde mi casa veo la playa vacía, ya lo estaba hace unos días, ahora está llena de lluvia.”
Y así es como está la ciudad, el tráfico frenético se hace un hueco mientras las gotas consiguen esquivar el pequeño paraguas que llevas en la mano, así que decides cerrarlo y empaparte durante 5 minutos. Hoy te apetece mojarte, son tiempos para mojarse. Ya no te queda mucho y atraviesas, esquivando goteras, la estación. Corres al ver en el andén de la línea 10 tu metro a punto de partir, se cierran las puertas pero lo intentas con todas tus fuerzas y te visualizas entrando en el vagón. Aprietas el botón del tren, aunque no le rodee un halo verde. Estás de suerte, el conductor vuelve a abrirlas. Entras con una sensación de triunfo en tu interior, no sin antes dedicarle una bonita sonrisa. Desde este momento tendrá un poquito más de karma positivo. Una vez dentro recibes miradas de alivio mezcladas con el odio de los que llegan tarde. De pie buscas tus cascos y conectas la lista que hace días suena en bucle, Iván Ferreiro. Qué le vas a hacer, se avecina un concierto.

Sacas del bolso el Russian Red de Mac, un poco de rojo pasión para pintarte el corazón y salir a bailar, aunque ahora mismo estés muy lejos de la playa.

En una parada has quedado con él. Todavía no os conocéis muy bien. Pero quieres llegar a conocerle y bailar toda la noche por toda la ciudad.

Llegas a la estación y vuestras miradas se encuentran entre andén y tren. Él no mira hacía atrás y tú miras hacia adelante. Al verte él te mira y aprecias que se relame. Le saludas y presientes que algo ha cambiado.

Sigues empapada, ¿pero qué te esperas, que te mire y te seque con un abrazo? Todavía no ha llegado el momento. Y sigues jugando porque crees que en el fondo hay algo.

Llegáis a Cuzco. ¿Qué noche te espera? ¿Quién no tendrá el valor para quedarse? ¿Quién preferirá marcharse y aguantar?

Próxima parada…

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