El último metro

Comienza el trayecto: Tribunal.

La tarde cae en Madrid un día cualquiera entre semana. Las ganas de llegar a casa se juntan con la impaciencia de los que esperan de pie en la plaza de Tribunal. Bajando por las escaleras encontradas, consigues esquivar al señor que con dificultad intenta abrir una de las puertas. Superados los tornos ves en la pantalla que le quedan 2 minutos a tu metro para llegar. ¡Justo a tiempo! Bajas corriendo las escaleras mecánicas, subes unos peldaños, y bajas otros dos tramos. Todavía te queda medio minuto de margen para avanzar en el andén hasta la puerta que se acerca a tu salida. Te paras buscando los cascos. La música comienza. Suena Pongamos que hablo de Madrid (versión Antonio Flores).

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.

 

En el vagón no has encontrado sitio, y el cansancio acumulado hace que te encuentres delante de una fila de asientos intentando adivinar quién será el próximo en bajarse. Hay una mujer leyendo e intentas ver qué libro es. Para cuando lees el nombre, ni lo conoces ni te parece interesante. De repente, la ves mordiendo una pequeña bolsa de plástico vacía que lleva en la otra mano. Será que a la gente le ha dado por comer plástico. Eso, o que el programa de vicios extraños ha pasado factura en muchos. Te das cuenta que no se ha tragado el trozo de plástico, la mujer es tan inteligente que lo quería a modo de marcador. Se levanta, ¡bien, asiento libre!

En Bilbao se sube un hombre con mecheros, caramelos, kleenex… Todo un surtido de necesidades. Hay algo en él especial, no es un pedigueño. Dedica sus palabras a la crisis. Un tema muy recurrente hoy en día. Tristemente porque ocupa un lugar demasiado importante en familias que sin comerlo ni beberlo se han visto sin trabajo y en la calle. Aunque algunos sigan afirmando que todo va bien y a mejor. ¿Cómo podría ir peor?

Por las ventanas aparece esa cautivadora estación fantasma de Chamberí. Y mientras pasa fugazmente ante tus ojos, es inevitable no prestarle atención a su castizo andén. Un día sirvió de espacio a unos chavales de ‘Barrio’ en el clásico de León de Aranoa.

¡El hombre menciona que tiene kleenex de Gru, mi villano favorito! Hoy te vas con 2 paquetes a casa.

Próxima parada…

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