125 cumpleaños de Mahou

Embo – veda – dos con Mahou

Tengo el convencimiento de que lo mejor de Madrid está en sus bajos fondos. Literalmente. Six feet under. “¡Qué bonito sel sielo de Madli!”, chapucea un turista asiático alzando la vista en la Puerta del Sol, seguido por un séquito de otros 12 turistas – con pinta de ser sus primos hermanos – que asienten con la cabeza. ¡De eso nada!

Las mejores historias de Madrid ocurren en su interior. En las pequeñas escaleras que llevan al last minute de la noche – ¡cuidado con el techo! -, en los rincones oscuros donde los músicos se la juegan en una prueba de fondo, en los besos furtivos que quedan enmarcados entre arcos de ladrillo rojo, en el último superviviente que baila en el centro de la pista. Un lugar abierto toda la noche. Si las bóvedas hablasen… Hogar de bandoleros y maleantes, refugio de guerras entre hermanos, escenarios de una revolución cultural…

Camino por la calle Conde Duque hacia la Sala de Bóvedas del Centro Cultural (@CondeDuqueMAD) que comparte el mismo nombre, el lugar elegido por Mahou (@mahou_es) para celebrar por todo lo alto su 125 cumpleaños (#125añosdemahou). ¡Y que cumpla muchos más! – y yo que los beba -. Sigo “bajando por donde los garitos, dejándome caer por la cuesta abajo”. En pocos minutos veré en acústico a uno de los dos canallas que hace unos años entonaba con pereza la letra de esta canción. A estas alturas se que algunos ya estarán cuchicheando sobre mi virilidad, pero me reconfortó en decirme que hay veces que hasta John McClane también se pone ñoño.

– ¿Vas al concierto de jazz? – me dice una azafata con cierta preocupación en la puerta (el concierto coincide con el Festival de Jazz de Madrid).
– ¡Qué va! Vengo a ver al Leiva – le digo quitándome la chupa.
– Menos mal… – resopla con alivio – …al fondo a la derecha -.

Bajo en ascensor, se abren las puertas, y ante mi se despliegan 500 metros cuadrados que sumergen al invitado en la historia más reciente de la cerveza madrileña. Contenidos interactivos, furgonetas de reparto de la época de mi abuelo, exposiciones que recorren una muestra del arte underground de la ciudad, desde Juan Gati hasta Ricardo Cavolo… Incluso hay una recreación de un baño prototipo de bar madrileño, de esos en los que amenizas la tarea con declaraciones de amor, versos copiados del Sabina, algún que otro ¡Aupa Atleti!, y guarradas varias acompañadas de una polla pintada con edding negro. Cojo posición al fondo de la barra, trasero medio apoyado en el taburete, pie derecho apoyado en el reposa pies, y codo del mismo bando taladrando la barra. ¡Que comience el concierto!

EspacioCómplice_Leiva-concierto

Tony Garrido da paso a Leiva y Juancho – hermano de este y cantante del grupo Sidecars (@Sidecarsrock)-, quienes se abren paso entre el público hasta al escenario, con botas que recuerdan a  laos mejores años de Rod Stewart. Con Faces claro está… Comienza el acústico, un hand in hand fraternal en el que suenan canciones de las diferentes etapas del cantante madrileño, con guiños a Calamaro y Sabina.

El show termina, apoyo el vaso vacío sobre la barra acompañado de un “nos vemos, colega”, y parto mi retorno al mundo de los mortales. Me da por pensar… Litros de rock, corren por tus bóvedas – quiero decir, tus venas – mujer.

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