La esperanza en tiempos de crisis, en los Teatro Luchana

En estos tiempos que corren

En estos tiempos que corren he escuchado tantas veces las palabras “crisis” y “cambio” que comienzo a sentir el mismo síndrome de confusión que padecen la boca y el ano de aquellos que las suelen pronunciar en su propio beneficio. ¡No confundamos! Una cosa es su uso informativo, cotidiano, sin maldad… y otro el que algunos pájaros utilizan para picar. ¡Leches! Hasta son palabras bonitas de escribir. El problema radica cuando el listillo de turno te espeta un tópico de credibilidad de barra de bar. “Hay que echarle huevos”; “se que te irá bien”; “la vida es así”. O mi favorito: “Yo levanté esta país”. Como si lo único que hiciéramos ahora es levantarnos empalmados por la mañana.

 

En estos tiempos que corren voy subiendo la calle Luchana entre sillas de terraza y gin-tonics que brillan con la misma intensidad que la gomina que sostiene el escaso tupe de quienes los consumen. Por fin llego al Teatro Luchana. Recordarán que ya les entrevistamos cuando aún andaban con la superstición de pasar por debajo del andamio – y si no es así mal hecho, no vayamos a tener problemas –. Es la noche del estreno de La esperanza en tiempos de crisis o la crisis en tiempos de esperanza.

 

En estos tiempos que corren pido una Coca – Cola en la barra. No es por la crisis, es porque opto por ser moderado, aunque pensándolo mejor quizás sea también un síntoma de estar en crisis. Entre el público hay varios personajes conocidos de la escena madrileña. ¡Caramba, si es Daniel Monzón! A mi derecha se apoya sobre la barra J.C. Monedero – me tomo la familiaridad de las siglas porque las barras de bar unen mucho, aunque él ni se perciba de mi presencia -, portando es sus manos el libro Post Capitalism de Paul Mason. ¿Será parte del atrezzo?

 

En estos tiempos que corren entro en la sala encaminando el pasillo hasta mi butaca en la cual me espera una rosa roja. Todo un detalle para una industria que conoce perfectamente la palabra crisis, incluso antes del revuelo de corral de gallinas que comenzó allá por el 2008. La obra, adaptación de un hecho real, evoluciona en crecendo gracias a una gran interpretación de sus actores. Personajes con los que cualquiera se sentirá identificado, y si no es por él, será por su hermano, padre, vecino… Sueños, desilusiones, amores y desamores, un mundo injusto que sólo es posible mitigar con una buena dosis esperanza y humor negro azconiano… Una obra que deberían ver muchos de los que presumen del cargo que ostentan.

 

En estos tiempos que corren la obra finaliza con aplausos a rabiar. Bajo a tomar la copa de cava a la que nos han invitado, me la bebo de un trago como si de una apuesta se tratase, y atravesando Monederos y Monzones salgo del teatro dándole a la mollera para escribir este artículo.

 

En estos tiempos que corren, bajando la calle Luchana, me da por pensar que no sería extraño ver al ingenuo Plácido bajando en su motocarro.

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