Daniel Guzmán: "No hay que parar la vida, hay que meter la película dentro de la vida"

Encuentros en la noche con Daniel Guzmán (‘A cambio de nada’)

La magia del cine no solamente reside en la abstraccción y en la entrada a otra realidad. El cine es mucho más, consigue conectarnos con los demás y con nosotros mismos a la vez. Es capaz de guiarnos de tal forma que sentimos que ponemos nuestra vida al servicio de las horas que dure una película y a la historia de otros que, sin saber cómo ni por qué, terminamos haciendo nuestra. Este es el caso de ‘A cambio de nada’  la ópera prima del ya conocido en la pequeña pantalla y en las salas de teatro, Daniel Guzmán. De una forma sutil el actor, y ahora director, abre un capítulo muy importante de su propia vida a través de Darío (Miguel Herrán) un chaval que “en su huida hacia delante hace una serie de cosas que a lo mejor uno piensa que no son correctas pero que son parte de la propia vida”.

Como el propio Daniel nos confiesa (en una salita, después de disculparse muy educadamente por el retraso que acarrea todo esto de la promoción y con un mini croisant en la mano) esta película, a pesar de tener una parte autobiográfica muy importante, está diseñada de principio a fin para el público. No la hizo para entender su historia, de la que tampoco desvela qué pertenece a la realidad y qué a la ficción, sino con el fin de entretener y emocionar a partir de unas experiencias que conoce a la perfección. Tampoco intenta transmitir un mensaje, más bien hablar de lo importante que es la unión o la desestructuración de una familia en el desarrollo de la personalidad de un niño. Sin juzgar y entendiendo cómo las personas podemos llegar a hacer las cosas según nuestras circunstancias.

A cambio de nada

Soy amoral, no entiendo del bien y del mal, entiendo de las circunstancias“.

Cuando sacamos a relucir la “facilidad” de hacer cine en España y cómo ha conseguido sacar adelante este proyecto confirma que “es el país equivocado para dedicarte a hacer cine“. Sin embargo, a pesar de un difícil proceso en el que ha invertido 10 años de su vida, levantado casi 2.800.000€ sin ayudas ni televisiones al principio (luego ya llegaron TVE, Canal+, Telefónica Studios, Canal Sur, Warner… ) y hecho frente a más de una caída, ha conseguido reinventarse y no solo estrenar su película sino salir más que victorioso en la pasada edición del Festival de Málaga con Biznaga de Oro a la Mejor Película, Biznaga de Plata al Mejor Director y al Mejor Actor de Reparto. ¿Hace falta decir más?

Pues sí, continuamos para acercarnos a la carga emocional que rodea al film. Una de las decisiones más difíciles para Daniel fue dedicar la película y el premio a sus padres. Una forma de perdonarles a ellos y a sí mismo en la que ha ido encontrando respuestas y cerrando etapas a medida que la historia crecía . En sus propias palabras: “Sin mis padres no estaría aquí ni habría hecho esta película. Es mucho más que una dedicatoria, es comprender y entender que muchas veces hacemos lo que podemos no lo que queremos. Me ha hecho entender que ellos han hecho lo que han podido, en vez de culpabilizar”. Comenta también que al terminar de ver la película no les hizo falta hablar nada, solo abrazarse, emocionarse y entender.

A cambio de nada

 “El cine en sí para entender nuestra propia vida es muy importante”.

Otro de los pilares familiares de esta aventura ha sido Antonia Guzmán, la abuela del director, que se sumerge en la estructura de la película interpretando a la anciana que marca la relación generacional con el protagonista. “Desde la primera palabra sabía que mi abuela iba a estar. Ha sido muy emocionante materializar este sueño que tenía desde siempre. Quería hablar de otras generaciones y no había nadie mejor que mi abuela para hacer lo que yo quería y para transmitir esa verdad, autenticidad y sentido del humor que ella transmite. No puedo expresar la felicidad absoluta que tengo”. Una abuela que lo ha hecho fácil y que junto con Miguel Herrán y Antonio Bachiller le han llevado a amar el proceso de dirección de actores. “Con los chavales he tenido que ensayar cuatro meses. Pero es tan bonito el proceso de trabajo que ahí ya estás encontrando el resultado”.

“No hay que interrumpir la vida para contar una película, hay que meter la película dentro de la vida. Deberíamos jugar todo el rato, y creer. Los niños y los ancianos lo hacen todo el rato, juegan, se lo creen y lo hacen”.

Una de las curiosidades de la pre-producción es la chispa que surgió entre Daniel y su alter ego en la ficción, Miguel. Como si de un amor a primera vista se tratase, Daniel se lo encontró por la calle, le miró a los ojos y encontró la conexión que estaba buscando. A pesar de que sus pruebas en el casting no fueron las mejores, el director siguió apostando por él. En esa mirada encontró la unión entre sus dos historias que no parece haber dado mal fruto. “Lo que le ha pasado a Miguel, aun siendo tan diferentes y viniendo de lugares tan diferentes, es la misma historia que me pasó a mi.  El cine nos ha dado una oportunidad, por eso es tan mágico el cine”.

Irremediablemente ‘A cambio de nada’ nos ha recordado al ‘Barrio’ de Fernando León de Aranoa, y es que son muchos los paralelismos que unen estos dos mundos: chavales jóvenes, vidas de barrio, problemas, ambulancias… Sin embargo el propio Guzmán, admirador y amigo de León de Aranoa, reconoce que en ningún momento ha usado la película como influencia, aunque el referente de Barrio siempre esté ahí. En cualquier caso, ambos son de los que tratan lo cotidiano frente a lo extraordinario.

A cambio de nada

“Lo que da sentido a mi vida es la amistad y el humor”.

Para terminar le preguntamos por qué “a cambio de nada”. Su respuesta no podía ser mejor: porque la amistad es a cambio de nada.

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