Gabriel Moreno: "Los ilustradores no somos artistas, somos artesanos"

Encuentros en la noche con Gabriel Moreno

La obra del andaluz Gabriel Moreno (@Gabriel_illo) marca un antes y un después. No es fácil salir del campo de atracción y sensualidad que este artista consagrado, entre los 100 ilustradores más influyentes del mundo de la publicidad, consigue con cada una de sus ilustraciones. En Abierto Toda La Noche hemos tenido el placer de entrar en su estudio para que nos desvele quién se encuentra detrás de esa magia.

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¿Cómo fueron tus inicios?

Siempre he dibujado, desde bien pequeño. Sin embargo, no fui consciente de que podía ser una carrera hasta llegar al instituto. Además era muy mal estudiante, y por aquel entonces entrar en Bellas Artes era bastante difícil debido a la nota que se exigía y a la dureza de las pruebas de acceso. Al final me lo propuse y no se me dio mal. Una vez dentro tiré por la rama del diseño. En aquella época (estamos hablando del 90 y tantos) ni Internet era lo que es ahora, ni se podía acceder a  la información tan fácilmente. Un ejemplo de esto es que en mi primer trabajo, con 26-27 años, se empezaba a usar el correo electrónico -no porque no existiera, sino porque aún no era una herramienta común en los trabajos- . Así que no conocía a fondo lo que era la ilustración. Empecé a medio dedicarme a ello,  y así pasaron muchos años hasta que llegué a Madrid.

¿Por qué cambiaste Andalucía por Madrid?

Por suerte. Conocí a mi mujer en Málaga. Yo vivía en Granada y ella era de Madrid. Seguimos juntos, y uno de los dos tenía que ceder. Es verdad que me apetecía venir a Madrid, lo malo es que siempre he sido muy independiente de cabeza pero cobarde de estómago y se me da mal adaptarme a los sitios nuevos. Me costó trabajo y al final vine, pero por una cuestión personal. Una vez aquí, empecé a moverme con pequeños trabajos de diseño de logotipos, catálogos y flyers, entre otros.

¿Ves a Madrid como una ciudad fácil? ¿Te ha ofrecido ventajas, o todo lo contrario?

Madrid es como un pueblo grande. Es un pueblo con teatros, cines, un montón de eventos y muchas actividades con las que desarrollarse profesionalmente en cualquier campo. Tiene todas las cosas que le faltan a las ciudades más pequeñas como Córdoba, manteniendo a la vez un estilo de vida similar al de un pueblo. En el fondo se vive en los barrios, como yo que últimamente sólo voy del trabajo, en Ópera, a mi casa, en La Latina. Mi vida es bastante fácil y me gusta mucho esta ciudad porque es muy acogedora. Tanto, que al final en Madrid casi nadie es de Madrid. Por otra parte, es una ciudad muy dura cuando estás solo.

Gabriel Moreno

¿Cómo ves el mundo de la ilustración aquí?

Bueno, aquí está la Industria. Si en algún lugar se puede tener éxito en ilustración es en Madrid. Aunque al mismo tiempo, con la evolución de las redes sociales y el fácil acceso, es posible vivir en un pueblecito y ser ilustrador. Prueba de ello es el auge de nuevos ilustradores que se dan a conocer y encuentran un hueco en este campo a través de los trabajos que suben a sus perfiles de Instagram o Facebook.

Lo malo es que en este momento hay muy poco trabajo en España y aún menos en ilustración debido a la reducción de presupuestos. Antes un ilustrador podía vivir con dos o tres campañas al año, un libro y unas cuantas publicaciones en revistas. Con lo que se paga hoy en día, dos o tres campañas y varias publicaciones en revistas no dan para vivir.

También hay muchas modas, gente que surge de la nada pero dura muy poco en el mercado. Antes conocías a 30 y ahora conoces a 300 ilustradores. Hay otro modelo de calidad, se puede hacer algo bonito, pero debe tener continuidad y no cambiar de estilo. En mi opinión, la gente no cambia de estilo pero sí que evoluciona y llega a la personalidad. Hay 300 ilustradores que hacen cosas interesantes, de esos 300 son menos los que tienen una continuidad y una constancia, y de esos, son menos los que son profesionales. Al final siempre hay una criba, que en este caso es el día a día del trabajo.

¿Por qué crees que el estilo siempre se mantiene?

No tengo una teoría. Empecé a trabajar y de repente me agobié con la idea de estar estancado y necesitar buscar otro estilo. Al analizar el trabajo de distintos artistas e ilustradores con prestigio internacional a los que admiraba, me di cuenta de que no cambiaban de estilo. Evolucionaban, de pronto hacían algo diferente, pero el estilo seguía siendo el mismo.

Para generar una imagen, tener un estilo y ser reconocido por algo, la continuidad es clave. En mi opinión se trata de intentar ser el mejor en una cosa específica, no intentar ser bueno en cinco o seis. Intentar ser el mejor no quiere decir que se consiga, pero la meta está ahí, conoces tu mundo, y sabes en lo que eres especial. Mis obras no son las mismas desde que empecé hasta ahora, hay millones de cambios y diferencias: hay algunas que carecen de color, otras en las que domina la línea… Al final se trata de lo mismo. No es cambiar de estilo, es evolucionar.

Uno de los aspectos que más llaman la atención en tus obras es el pelo. ¿Mantienes el mismo tipo de pelo por algo en particular?

Por casualidad o por un proceso. Cuando empecé quería hacer lo que se llevaba en ese momento, el trabajo vectorial con mucho contraste de imagen. Lo intenté, pero como lo hacía muy mal seguí haciendo lo que sé hacer bien, dibujar. En el dibujo intenté imitar ese contraste. Antes mi pelo era una mancha negra que entraba en la cara. Tras unas cuantas ilustraciones empecé a darle un poco de gracia al pelo para que no fuera sólo una mancha negra, así que introduje líneas. Esas líneas fueron a más y adquirieron forma. La cara se terminó convirtiendo en la excusa para hacer el pelo, un pelo que pasó a ser lo único.

En la obra que estoy haciendo ahora practicamente no hay pelo. Hay, pero no es el protagonista. Estoy un poco cansado del pelo como pelo.

Gabriel Moreno

¿Cuáles son tus técnicas?   

Preparo el trabajo artístico en el ordenador, montando las fotografías resultantes de la sesión con las modelos. Una vez lista, traslado esta composición al papel, empiezo a dibujar con lápiz el cuerpo, los tatuajes con boli Bic (que es lo que más simula un tatuaje) y luego añado el color, barnizo y doy mucha textura porque quiero que sean algo más que un dibujo, que tengan cuerpo y materia.

Para llegar a los colores ácidos y más vibrantes que dominan algunas de mis obras uso tableta gráfica, consiguiendo esa fuerza que no podría obtener con lápices ni rotuladores. Pero está dibujado, no es un filtro. No uso filtros en Photoshop. Para mí, Photoshop es una mesa de mezclas en la que monto dibujos y texturas, retoco y contrasto. No porque tenga nada en contra de usar filtros, sino porque la apariencia que busco en mi obra es mucho más orgánica. Lo que quiero es que se vea la mano, no que sea algo artificial. Hay otras obras “artificiales” que son maravillosas. Pero no es lo que yo hago.

¿Qué proceso creativo llevas a cabo a partir de un briefing?

Básicamente el mismo que sin él, con la diferencia de la finalidad. En el ámbito artístico la finalidad de la obra es ser expuesta e intentar comunicar lo que se tiene en la cabeza. Con un briefing de publicidad la finalidad es vender, y hay que ceñirse a ello.

Ahora mismo estoy haciendo una campaña de helados. A partir de las especificaciones del briefing y el target, planteo el boceto. Mis bocetos son muy simples y claros, se muestra hasta la expresión de la cara en una línea. En publicidad lo más importante es la seguridad, que el creativo sepa lo que está viendo, cómo va a quedar al final y que no haya sorpresas. Una vez que eso se discute, se realizan los cambios en el boceto, se aprueban y a dibujar hasta que queda un archivo digital.

¿Dónde encuentras la inspiración?

Lo que más me gusta dibujar es a mujeres. Aunque mi forma de vida me aleje cada vez más de la calle, cuando voy por ella me encanta contemplar ese mundo femenino. En publicidad además se exige que los trabajos sean muy actuales, y pueden ser actuales porque los vives o porque los miras, yo soy de los que los miro. Aparte de que me atraigan las mujeres, desde chico me he fijado en los detalles estéticos, más que sexuales. En la forma del cuello y ese tipo de cosas que tienen que ver más con la sensualidad. Hay gente que se puede morir mirando un paisaje y se obsesiona con eso, a mi me pasa mirando a una mujer. Mi trabajo es conseguir reflejar esa estética que tiene la mujer y lo que es capaz de despertar. Lo hago buscando contrastes, esos que se dan en una chica muy dulce que de pronto tiene el cuello lleno de tatuajes o un animal en la cabeza. No es más que darle vueltas mediante el campo visual a sensaciones, sentimientos y pasiones que puede despertar una mujer en todos los aspectos, tanto en el emocional como en el puramente físico.

Gabriel Moreno

¿Cómo guardas esas expresiones y sensaciones que vas encontrando por la calle?

En el estómago. Hay gente muy metódica que se apunta casi todo, pero lo que yo hago es más primario e instintivo. Por ejemplo, imagina que estás en el cine y dos filas más allá hay una chica sentada a la que no terminas viendo la cara, pero te fijas en el cuello, en el nacimiento del pelo, el pendiente… Todo ese conjunto que me da como un escalofrío no lo apunto, se queda ahí. Pero se queda ahí desde que tengo 13 años. En las sesiones de fotos busco ese tipo de cosas. La única forma que sé de hacerlo es pintando imágenes, no apuntando. Intento atrapar las sensaciones que encuentro en un cuadro para que no se vayan, que no salgan de ese cine. Es un poco difícil de explicar racionalmente.

¿Hay alguna de tus obras a la que tengas más cariño y que te haya marcado especialmente?

Hay obras que han marcado un antes y un después en mi trabajo. Soy muy sentimental, pero me comporto como lo contrario. Le tengo mucho cariño a los trabajos que hice para el porfolio a los 34 años, un poco después de llegar a Madrid. Representaba el sueño de dedicarme a esto. Lo malo es que lo corté e hice trocitos para regalar como promoción.

Luego hay obras como esta en blanco y negro, que forma parte de un conjunto de cuatro muy artísticas que hice para una exposición, a raíz de la cual me encargaron la portada de Los Angeles Times (@latimes). Fue una exposición que organicé por amor al arte, sin pensar en posibles proyectos, y salí de ella con un encargo que supuso mi salto al mercado internacional.

En el fondo lo que me emociona es que alguien sea capaz de pagar dinero por una de mis obras y llevársela a casa. Aún más cuando ese alguien no tiene mucho dinero. Porque una cosa es que te guste, o darle like en Facebook, y otra muy distinta es que te guste tanto algo mío como para estar dispuesto a pagar. Eso me emociona mil veces más que conservar mi obra.

ilustracion

¿Podrías contarnos la historia de alguna de tus obras?

Mis trabajos son puramente estéticos. Lo importante no es el mensaje que transmite, sino que sea bonito. En mi caso son bonitos porque dibujo chicas guapas, pero busco más: que atrape. De las últimas mi preferida es Jirafa’, justo porque consigue atrapar. Aparece una chica bonita, con unos labios sensuales, el pecho, el pelo, los hombros… Y de pronto choca que tenga un tatuaje. Ese contraste es lo que busco en este tipo de obras. Que guste visualmente sin pensar en nada y llame la atención por la fuerza que tiene. Ya que lo que hace que una obra tenga calidad es su fuerza y personalidad. Mi forma de buscar esa personalidad es con los contrastes. Y aquí el contraste se encuentra, más que en las sombras y en las diferentes técnicas de dibujo, en tener esa parte dulce de la modelo con los tatuajes al más estilo carcelario/pandillero. Además, lo que más disfruto de ésta en concreto es el detalle de la mano apoyándose intensamente en el brazo, haciendo del dibujo carne.

Jirafa

¿Te gusta poner nombre a tus ilustraciones?

Normalmente tienen nombre de mujer, que suele ser el de la modelo. Pero en el caso anterior, por ejemplo, tiene nombre de animal porque la modelo aparece en más obras. En las tres primeras que hice con ella las obras tenían sus tres nombres: su nombre, su mote amistoso y la forma en la que la llamaban de pequeña.

¿Alguna marca en especial con la que te haya gustado trabajar o con la que te gustaría?

Las marcas para las que prefiero ilustrar son las de tendencias que mezclan lo urbano con el deporte como Nike, Adidas

También, más que una marca, me gustaría hacer un tipo de trabajo que me llene más a nivel personal y no sea solo un producto: ilustrar la portada de un grupo que me guste mucho o diseñar un cartel para una película. En este sentido he hecho algunas cosas, pero no para un grupo o de una película que me apasionen.

¿Cómo te sentiste la primera vez que viste un trabajo tuyo expuesto en la calle?

Muy bien. En general ir por la calle y ver tu trabajo es maravilloso. Aunque me gustaría mencionar el falso discurso que corre últimamente en el mundo de la ilustración. Y es que antes los ilustradores teníamos más claro que éramos ilustradores, ahora hay muchos ilustradores que están empezando y piensan que son artistas. Los ilustradores no somos artistas, somos artesanos. Trabajamos para vender una marca o un producto. Podemos hacer cosas muy especiales, pero no dejamos de ser artesanos.

Tengo que decir que no siempre gusta el resultado. No hace mucho una ilustración mía ocupaba un edificio entero de la Gran Vía, en Callao. Y a pesar del emplazamiento de ensueño, quedó horrible. ¡No tenía ni terminados los parámetros de calidad! Es lo que tiene la publicidad, de pronto se cargan un trabajo de dos semanas que hay que volver a hacer en tres días. Eso suele pasar por las decisiones inexpertas que se toma al margen de las agencias de publicidad y de los verdaderos expertos en el tema. Al final siempre depende del cliente, hay muy buenos clientes que lo entienden, pero hay otros que piensan saber más que el departamento creativo o producción. Y ahí es cuando pasan ese tipo de cosas.

Lo que está claro es que lo que se hace está hecho para enseñarse. Respeto a los que dicen que trabajan para ellos mismos, pero es como el cantante que canta en su casa y nadie escucha su música. Para que exista comunicación es necesario un emisor y un receptor. Yo las cosas que hago las hago para que las vean. Cuando vivía en el pueblo con mi madre y mi abuela pintaba pensando en lo que les iba a gustar, o en si lo iban a ver demasiado raro. Sin embargo, en otros entornos empiezas a ser más osado. En definitiva, cuando dibujas piensas en la gente que va a verlo, y pensar que eso lo van a ver miles de personas motiva.

¿Una palabra para describirte a ti y a tu obra?

Miedoso y esperanzado, son dos. Miedoso porque todo lo que hago tiene que estar muy controlado, y eso me ata mucho. Mis dibujos son muy controlados. De hecho, incluso lo que se ve más suelto está hecho a propósito y perfectamente encajado. Esperanzado porque justo estoy intentando modificar un poco eso. Si lo consigo daré un salto muy grande en la calidad de mis trabajos.

Gabriel Moreno

¿Tienes algún consejo para los jóvenes ilustradores que están empezando y se quieran abrir un hueco en este mundo?

Que nadie piense que puede ser ilustrador sin trabajar menos de 10/11 horas diarias. Es físicamente imposible mantenerse como ilustrador trabajando menos, y cuando se está empezando aún más. También que estén un poco esperanzados porque verán que hay mucha gente y parece difícil. Pues no hay tanta gente que reúna calidad y constancia. Me di cuenta de esto en la facultad. Piensa cuántos hay en una clase, ¿60? Pues de esos, unos cuantos están para pasar el rato. De los que quedan, ¿cuántos son buenos? Entre los buenos, ¿cuáles son trabajadores? ¿Cuáles tienen claro lo que van a hacer? ¿Cuántos no tienen ideas de bombero? Hay mucha gente, pero luego que sean profesionales, constantes, que hagan una cosa y otra, que tengan un poco de visión y sepan venderse (no sólo ser profesional, sino vender una imagen de profesionalidad), quedan cinco o seis.

¿Nos puedes hablar de tu próxima obra?

Ahora estoy metido de lleno en dos retratos grandes (siempre dibujo como mínimo a tamaño real) de primeros planos, en los que quiero conseguir que el color tenga más materia, que la sombra negra que sale de la cara se vaya convirtiendo en un óleo negro para más tarde mezclarse con otros colores. Una mezcla que intente romper la perfección, con un contraste que vaya del dibujo de línea perfecta muy cuidado a una sombra negra que se convierta en algo diferente y termine en una explosión de color. Veremos con el tiempo quién va ganando terreno, si la pasta o el dibujo. Puede estar muy bien y marcar un cambio, pero me da miedo estropearlo con el mínimo movimiento.

Nuestro anterior entrevistado, Jorge de las Heras, nos ha dejado una pregunta para ti: ¿Eres Charlie?

Sí, lo soy. Creo que es una barbaridad que por expresarte, decir lo que piensas y hacer una broma que no pretendía hacer daño a nadie, pasen estas cosas. La cuestión es que todo eso tiene una dimensión mucho mayor cuando pasa en París o en Madrid. Pero en el resto del mundo, y sobre todo en sitios con un nivel económico mucho más bajo y menos avanzados, eso mismo pasa todos los días, multiplicado por 50. Sin embargo, aparece 5 minutos en los medios y no se crea expectación ni se hace nada. Lo que me parece horrible es que a la gente le dé exactamente lo mismo lo que pasa en otros sitios. Yo soy Charlie, pero pienso que esa energía también se tiene que emplear para todo.

¿Qué te gustaría que estuviera abierto toda la noche?

Una guardería, con gente que se ocupe de los niños. Para poder ir al cine, al teatro y lo que se quiera.

Gabriel Moreno

Fotografía: Arturo De Lucas López 

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