Entrevista a YELO

Experimentar en tiempos de guerra

“En el ADN del jazz, aunque sea clásico, está el experimentar.”

Para escuchar.

Puede ser que para alguno eso de experimentar le suene aún a probetas, líquidos verdes que humean y ratones mutantes. Pero lo cierto es que va mucho más allá, es la base de cualquier proceso creativo. ¿Qué hubiera sido del rock and roll si Bob Dylan no hubiese osado a sacar su guitarra eléctrica en el Newport Folk Festival de 1965? Si, le abuchearon, pero a ver quién le dice ahora nada.

Keith Richard declaró en una ocasión que los músicos de rock and roll no tienen que preocuparse por el arte, ya que al final, una buena canción es la suma de casualidad, improvisación y experiencia. <<En lo que a mí concierne, “Art” es sólo el diminutivo de “Arthur”>>. Edgar Grau, Pedro Orduño y Eloy Lurueña, saben un rato de esto. YELO es un grupo musical atípico e innovador que defiende el proceso de experimentación e improvisación en cada una de sus canciones. Melodías en directo en las que se mezclan el jazz, la electrónica, el rock and roll o todo aquello que se les ponga por delante. Algo que ellos llaman “ambient nu jazz”. El pasado 8 de abril el trío presentó su primer álbum Geometría Orgánica en la Sala MoonDance y, aprovechando la ocasión, unos días antes les entrevisté en la cafetería del Hostal Persal.

¿Cuál fue vuestro primer contacto con la música?

Pedro Ortuño: Yo he vivido la música desde siempre, mi abuelo tocaba, mi padre tocaba. De hecho el trombón con el que toco es de mi abuelo. Se fue a vendimiar a Francia durante dos meses y con el dinero que ganó se compró un trombón. Y es con el que toco, me viene heredado [risas].

Edgar Grau: Yo de niño quería ser bombero, basurero, militar… Hasta que un día mi vecina me llevó al cine a ver a The Beatles. A hard day’s night. Cuando la vi, se me fue todo de la cabeza, quería ser músico. Dos años después mi padre me motivó para estudiar algo, y encontré un conservatorio de barrio. Allí me encontré por primera vez con un bajo eléctrico. <<¿Qué es eso? Es un bajo eléctrico. Paul McCarney toca un bajo eléctrico, pues eso es para mí>> [risas]. En aquella época había pocos bajistas, y empecé a tocar con grupos mientras seguía estudiando.

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Pedro Ortuño. Fotografía de Manuel Vila.

¿Qué música os ha influido?

P.O: Mi formación es de música clásica, toco en la Orquesta Sinfónica de la Comunidad de Madrid. Luego me empecé a interesar por la electrónica. Dance, house… Tuve un grupo de house, ahí empecé a experimentar, a crear mi propia música. Me llamó mucho la atención la posibilidad que te da la música electrónica de poder componer desde tu casa, de crear tu propio estudio. Ahora también estoy estudiando jazz.

E.G: Como te he comentado, empecé desde muy pequeño con The Beatles, y como a la vez estudiaba, me di cuenta de que el rock no daba para todo. Todo lo que aprendía de música no lo podía aplicar en él, es un estilo más limitado. Empezó a surgir el rock sinfónico, Emerson Lake and Palmer, Génesis, y vi que podía aplicar lo que estaba aprendiendo. Luego vino la época del jazz rock, donde los jazzeros se metieron en el rock y la paleta se abrió muchísimo.

¿Cómo habéis conseguido crear ese estilo ambient nu jazz?

P.O: No ha sido complicado, todo lo contrario. Lo mejor es no pensarlo, y directamente ponerte a tocar. Y como cada uno trae de casa lo que trae, a la respuesta de uno el otro se une. Como no preparas nada, comienza a surgir.

¿Pero cómo encontrasteis el punto exacto?

E.G: Surgió de forma natural. Lo bueno de la música es que fluye, no está provocada. Nos pusimos a tocar free, el primer día empezó a sonar una música que nos gustaba. Empezamos a crear un segundo tema, y partiendo de la nada cada uno aportaba desde su bagaje. Eloy podía tocar más clásico, Pedro más jazzero con el trombón, y yo con la guitarra más rockero. Lo bueno es que fluía.

P.O: Las piezas encajaban.

¿Cómo surge YELO?

P.O: Con Eloy, que también es compañero mío de la orquesta, habíamos hecho algunos experimentos sonoros haciendo música contemporánea. Eloy estaba también grabando su disco con Edgar y un día nos juntamos los tres y nos fuimos añadiendo. Empezamos a improvisar y nos gustó lo que salió. ¡Sigamos currando!

E.G: Recuerdo ese día. Yo no conocía a Eloy, era amigo de Pedro y me dijo que fuese a grabar. Estaba grabando un concierto para cencerros, de música contemporánea… Tela marinera. Estaba con mi contrabajo y le propuse meter algo. De repente suena el teléfono y es Pedro, y le digo que se traiga el trombón. Y cuando llegó y escuchó el sonido, propuso meter una base electrónica. Ahí fue el start.

Por lo que me contáis, fue un auténtico proceso de experimentación.

E.G: Total. Hay tres temas del disco que son de composición y grabación espontánea. De hecho para tocarlos tenemos que volver a escucharlos.

En YELO es como una caída libre, no hay unos parámetros a los que te tienes que ajustar.”

¿Le falta experimentar más a la industria cultural?

E.G: Desde el punto de vista del músico, si. Depende de las metas.

P.O: Hay parte del público que tiene la mente cerrada en cuanto al estilo, les gusta ir a lo seguro. En YELO es como una caída libre, no hay unos parámetros a los que te tienes que ajustar.

¿Qué aporta grabar en directo?

E.G: La frescura. Como técnico de grabación, la primera toma suele ser la mejor. Luego vas perfeccionando, pero la primera toma vale oro. Obviamente requiere de un bagaje.

Los tres tocáis instrumentos que el público concibe como secundarios, ¿por qué os decidís por ellos?

P.O: Es la primera vez que nos hacen esta pregunta [risas].

E.G: Son nuestros instrumentos, los que tocamos. Yo toco el bajo, el contrabajo y la guitarra, pero el uso que hago de ella no es tan evidente. Me ha pasado que he tocado cuatro notas, para luego tocar tres y para luego tocar dos. Un músico inglés, cuando tocamos en JazzEñe, se me acercó y me comentó que le había resultado impactante cómo podía tocar con tan pocas notas.

“Pero a la hora de hacer el disco tienes que seguir usos, no normas, no podemos exigir al público 30 minutos de escucha tal y como está la cosa.”

Las canciones del disco tienden a ser…

E.G: Éxitos del verano [risas].

Tienden a ser canciones de poca duración.

E.G: Lo exige el disco. Hemos hecho temas de 30 minutos, y era la idea principal de YELO, tocar el momento. Pero a la hora de hacer el disco tienes que seguir usos, no normas, no podemos exigir al público 30 minutos de escucha tal y como está la cosa. Es demasiado.

P.O: Luego los desarrollamos más en el directo.

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Edgar Grau. Fotografía de Manuel Vila.

Muchos artistas tienen la visión egocentrista de no querer adaptarse a los nuevos hábitos de consumo del público.

E.G: Si, nosotros también somos consumidores de música, y no tenemos tiempo para escuchar todo. Es como si vas a ver al cine Lo que el viento se llevo y te toca palmar 4 horas viéndola [risas]. El arte no tiene ningún sentido si no hay un observador. Lo puedes ver en las estadísticas de consumo de vídeo, si pasas los 6 segundos quiere decir que es bueno, y si pasas de 15 segundos es muy bueno. Es una realidad. No es una cuestión de venderse, tienes que ser consciente que a día de hoy hay mucha información y poco tiempo para digerirla.

¿Cómo veis el circuito de salas de concierto en Madrid?

P.O: Yo creo que hay bastante diversidad.

E.G: Antes en Madrid había un circuito donde se podía tocar blues y jazz todas las noches, y vivir de ello. Ahí me metí yo cuando llegué. Con la crisis y demás, todo ha cambiado, se contratan a menos grupos. El nuevo sistema ha jodido un poco, sobre todo al blues y al jazz.

P.O: Nosotros tenemos un poco ese problema, hay muchos locales pero no hay una escena establecida. Eso tiene su parte buena porque somos los únicos, pero tiene su parte mala. ¿Dónde me ubico? ¿Dónde toco? Nuestro estilo de música si tiene una escena en Londres, en Berlín, en París… Aquí aún falta un poco de conocimiento de este tipo de música.

¿Cómo fue la experiencia en el JazzEñe?

E.G: ¡Magnífica, fantástica! Nos llamó la atención que nos llamaron directamente [risas]. En el ADN del jazz, aunque sea clásico, está el experimentar.

¿Qué os gustaría que estuviera abierto toda la noche?

E.G: Interesante… Salas de concierto sin límites de horarios. Más oferta de comida [risas], me ha pasado que sales a las 6 de la mañana de una grabación y no tener mucho donde elegir.

P.O: Más iniciativas para poder tocar, que la música estuviese más presente.

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