Juan Yuste, director de Cultura Inquieta

Inquietos por naturaleza

Creo que a estas alturas todo el planeta Tierra es conocedor de la teoría de los seis grados, esa por la que todos podríamos presumir que somos colegas íntimos de Clint Eastwood. Incluso conozco a alguno que ha recurrido a ella para saciar la sequía sexual. Por si aún existe algún despistado, la teoría viene a decir que todos estamos conectados por una cadena de cinco conocidos. Pues bien, aunque no soy muy partidario de fundar mi vida en estas cosas, así es como llegué hasta Juan Yuste, director de la plataforma Cultura Inquieta, sólo que en mi caso el proceso se reduce a una persona de separación. Así somos los de Madrid, cuando nos da por atajar, ATAJAMOS. En esta ocasión, el nexo de esta entrevista es Susana Zorraquino, directora de comunicación de la plataforma a quien no sólo me une una gran relación laboral, ya es más bien amistad. Vamos, que si por este pájaro fuese habría que hacerle una hola tan extensa como el aforo del Estadio Bernabéu en pleno riff de Keith Richards.

Antes que nada, he de aclarar que la siguiente entrevista fue realizada por teléfono. Es un método que no suelo practicar por una simple razón: no me permite entonar al entrevistado a golpe de cañas con el objetivo de sacarle alguna perla. Aunque la mayoría de las veces el que termina saliendo del bar seseando es un servidor.

Piii…, piii…, piii…

– ¿Si?- contesta una voz sosegada y con tempo tranquilo, me viene la imagen de un vecino del Haight-Ashbury de los 60’.

– Hola, ¿Juan Yuste? Soy… – respondo mientras enciendo la grabadora con torpeza.

– Si, ya me contó Susana. ¿Dime? -.

 “Cada jornada es un festival de festivales donde cada una tiene un sabor muy particular”.

Juan Yuste, director de Cultura Inquieta
Juan Yuste, director de Cultura Inquieta

¿Cómo surge el festival de Cultura Inquieta?

Como sabrás, Cultura Inquieta no es sólo el festival de música. Hacemos eventos artísticos y culturales con diferentes perfiles. Artes plásticas, teatro, mayormente música… Tenía, bueno sigo teniendo en Getafe un pequeño club de jazz y música afroamericana. El espacio se nos hizo muy pequeño, habíamos experimentado antes con un par de ediciones de música negra. A raíz de eso surge la primera edición de Cultura Inquieta. Las primeras ediciones las celebramos en una corrala renacentista en Getafe, con un aforo pequeño de 200 personas. Nos lo pasamos muy bien, estábamos emocionados constantemente. El festival ha ido creciendo de una forma muy ordenada, no ha venido ningún inversor a ponernos dinero encima de la mesa para montar una gran producción. Ha sido un crecimiento de pico y pala, de trabajar a fuerza de corazón. Ahora lo organizamos en un recinto más grande, pero el sentimiento es igual, tratamos de emocionarnos y de divertirnos.

Cultura Inquieta no es un festival como el prototipo que prolifera ahora de música indie, rock, electrónica… La clave es la convivencia de diferentes culturas o disciplinas, ¿no?

Somos de la opinión de que si no eres feliz con un vaso de agua y un mendrugo de pan, no lo vas a ser nunca. No importa el poder económico o la ambición que tengas. Deseamos todo lo mejor, y de corazón, al resto de grandes festivales que hay en España. Nos quitamos el sombrero y les aplaudimos, pero nuestro formato es diferente. El festival de Cultura Inquieta no se celebra en una ciudad pintoresca, ni a orillas del mar, ni en una capital de provincia como Madrid, Barcelona o Bilbao. El festival Cultura Inquieta se desarrolla en la zona sur de Madrid, lo que antes llamábamos zona de obreros. Para muchos, que sea en Getafe sigue siendo un inconveniente, pero estamos a tan solo a 25 minutos de Madrid. En Metro o en RENFE. Esta edición se desarrolla durante trece jornadas y cada una de ellas es un festival de festivales donde cada una tiene un sabor muy particular. Honestamente, nos dejamos la piel para que las inquietas e inquietos tengan la mejor experiencia posible. No hemos inventado la rueda, pero la hacemos girar a nuestra manera. 

¿Qué problemas se encuentra hoy en día un gestor cultural para crear un festival?

El principal problema que tenemos todos, en mayor o menor medida, es el de la sostenibilidad. Cuesta mucho hacer esto posible, las cifras que manejamos dan mucho miedo. Estamos siempre en el alambre y sin malla debajo. Lo importante es que una vez que empiezas con el proyecto, este tome inercia, es decir, que consigas hacer compañeros de viaje. Sponsors, un público fidelizado. Podemos decir que tenemos un público fiel maravilloso, que les gusta nuestra manera de programar. Hay que hacerlo bien, no puedes descuidar a quien te está cuidando.

“No se dan cuenta que el 8% de 100 es 8, y el 21% de 0 es 0”.

Hoy en día la gente consume mucha cultura, y no me voy a meter si es de forma legal o ilegal pero, ¿por qué la administración pública lo pone tan difícil?

Hay dos partes diferentes. Respecto a la administración local, que es el vínculo entre la marca Cultura Inquieta con la ciudad de Getafe, la relación es maravillosa. Sólo podemos hablar bien del Área de Cultura. Son nuestros compañeros de viaje. No sólo invierten económicamente con una parte importante, además se implican de forma personal. A muerte. Sólo tenemos palabras de agradecimiento. Otro cantar es la parte del Gobierno Central. Nos parece pornográfico, obsceno, que estemos pagando el 21% de IVA . No tiene sentido. Es inconcebible que se hayan enrocado y no se dan cuenta que el 8% de 100 es 8, y el 21% de 0 es 0. La industria cultural solía generar una cantidad importante de empleo, y lo están dinamitando.

¿Con que criterios se crea el programa del festival Cultura Inquieta?

Uno de ellos es el de ver el bosque desde fuera, queremos un menú con platos con muchos contrastes. Por eso en nuestra programación cada día tiene que tener un sabor diferencial. Y siempre pensando en global. Sabemos que tenemos que programar días que requieren de mucho aforo, que requieren mucha preparación y trabajo del equipo. La ley te marca unos requerimientos que tienes que cumplir y dependen del aforo, espacio… Implica un equipo de seguridad, ambulancias, equipo de sonido… Y eso toque quien toque. En nuestra programación tenemos jornadas en los que sabemos que no van a venir más de 1.000 personas. Hablamos de nuevos talentos, de voces que tienen que ser descubiertas. Siempre siendo fieles a un patrón de calidad.

¿Marcáis un porcentaje fijo para los nuevos artistas emergentes?

No es un tema porcentual, es por una cuestión de sostenibilidad. Cuando estás programando, estas atento a qué bandas están girando, quién está en movimiento, quién no lo está… Si quieres traer a un tipo que vive muy lejos y no está girando, para traerlo en concierto único obviamente las condiciones económicas serán altas. Si está girando por Europa o España es diferente. Tenemos un pie en las nubes y un pie en la Tierra. Sabemos que hay bandas a las que no podemos aspirar, en nuestro modus operandis no se contempla que las entradas cuesten 50 € al día. Es respetable, pero nosotros no queremos ser así de mayores. Este año la jornada más cara es obviamente la de clausura, queremos hacerle un tributo al amor, a la amistad, a la vida… Con Carlinhos Brown.

“Si podemos presumir de algo, es de nuestro público”.

Por no robarte más tiempo, ¿qué crees que nos va a hacer sentir esta edición?

Este año nos hemos mudado de espacio, bueno tenemos dos espacios diferenciados. En la plaza del Ayuntamiento de Getafe tenemos el espacio de mercado, una especie de Mercado de San Miguel, y allí realizamos las exposiciones, conferencias, talleres, sesiones de DJs. Se puede acceder de forma gratuita, los talleres tienen un precio simbólico. Por ejemplo tenemos un taller de robótica y la inscripción cuesta 5 €. Y el espacio en el que desarrollamos los conciertos son unas pistas de atletismo, el polideportivo de San Isidro que está muy bien ubicado y muy bien conectado a través de RENFE, Metro y autobuses. Nos gusta mucho el espacio, por supuesto hay cosas que corregir y mejorar, pero estamos satisfechos. Lo hemos cubierto todo de césped artificial, hay zonas arboladas, corre el aire, el ambiente es fabuloso. La media de edad de nuestro público es de 30 años, pero tenemos también mucho público infantil y de más de 60 años. Parece que estoy vendiendo motos, pero la atmósfera es fantástica. Y eso sólo es posible a las personas que se rascan el bolsillo para comprarse un ticket. Si podemos presumir de algo, es de nuestro público.

¿Puedes asegurar que disfrutaremos de una edición en 2017?

Por supuesto, que sea la realidad la que nos pare los pies [risas].

Y para terminar, ¿qué te gustaría que estuviese abierto toda la noche?

Los cines, me parecen lugares mágicos.

Fotografías de Cultura Inqiuieta.

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