Exposición George Meliés

El pasado fin de semana realice una de esas actividades que apuntas en tu lista de “cosas que hacer este verano” y que, como casi todo,  van pasando los días sin poder tachar ninguna de ellas. Pues bien, el domingo me desperté y me propuse ir a ver la exposición sobre la obra de George Meliés en el Caixaforum de Madrid. Pagué mi entrada, subí las escaleras hasta el segundo piso, pase el ticket por el lector y al levantar la vista me di cuenta que tenía ante mi el principio más básico que todo director ha de cumplir al establecer la relación cine-espectador: la magia.

Comencé el recorrido marcado por las diferentes salas apreciando todo aquello que me rodeaba y que me ayudó a entender la labor y repercusión del cineasta que tanto me habían hecho estudiar en la universidad. Las ilustraciones y carteles que cuelgan de las paredes reflejan el talento innato que tenía para las artes plásticas. Los diferentes mecanismos y herramientas, que fabricó y utilizó para rodar sus películas, dan muestra de sus conocimientos sobre ingeniería que adquirió al ser obligado a trabajar en el negocio familiar renovando la maquinaria con la que su padre hacía el calzado. Los artilugios  con los que realizaba sus trucos y efectos especiales, que hoy nos parecen tan simples en comparación con lo que vemos en las grandes superproducciones actuales, ofrecen el interés que tenía el mago del cine por desarrollarse profesionalmente en el mundo del espectáculo. Proyecciones de sus películas, atrezzo, vestuarios, maquetas de su teatro y estudios de grabación…, todo un arsenal de material de primera mano para introducirnos en la infinita imaginación de Meliés.  Al llegar a una de las últimas secciones de la exposición, dedicada a su película más famosa Viaje a la Luna (inspirada en la obra del escritor Julio Verne), vi escrito una frase suya  en uno de los espejos que no solo resume cuales eran sus inquietudes, sino que también podría ser el lema que define la esencia del verdadero séptimo arte: “Las películas tienen el poder de capturar los sueños“.

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El cineasta francés no era el típico director de la época, ya que hasta el momento de su intromisión en el mundo del cinematógrafo (bendita intromisión por cierto), lo más parecido al cine que existía eran tomas o “vistas” de la realidad como las de los hermanos Lumiere. George Meliés fue un emprendedor que quiso llevar a cabo sus ideas, combinando y aportando a la perfección el talento y los conocimientos adquiridos a lo largo de su vida, con el fin de innovar el medio cinematográfico plasmando los sueños del espectador. Quizás algo que hoy en día nos suene muy lejano al entrar en una sala de cine.

Un consejo antes de ver la exposición: empápate del mundo Meliés con La invención de Hugo de Martin Scorsese. Ya lo entenderás…

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