El Burlador de Sevilla

Los burladores de Madrid

Asistir a la deliciosa adaptación de El Burlador de Sevilla, el clásico de Tirso de Molina que se ha estado representando estos meses en Madrid, es aun más deliciosa cuando te sientas frente a Darío Facal, su director, y Álex García, el actor que se pone en la piel de Don Juan Tenorio, para mantener una charla sobre la obra, el teatro, la sociedad… En definitiva, más que una entrevista, uno de esos encuentros que te dejan con ganas de seguir horas y horas conversando.

Empezamos con Dario, ¿qué es lo que más te ha gustado de esta adaptación?

Darío Facal: Prácticamente todo. Por un lado, he tenido mucha suerte con el grupo de actores que se ha formado y el equipo artístico que me ha acompañado. Hemos formado una gran familia y estado, desde finales de agosto hasta ahora, muy unidos. Ha sido maravilloso. Por otro lado, la libertad artística y el apoyo del Teatro Español que ha confiado totalmente en el proceso. Todo lo que hemos vivido aquí dentro ha sido a favor del proyecto y del espectáculo.

¿Recursos que te han inspirado a la hora de llevar la obra al escenario?

D.F.: Dependo mucho del trabajo con los actores, de la libertad creativa y la falta de miedo. En el espacio de ensayo que creamos todo el mundo tenía ganas de experimentar y de buscar, la obra fue apareciendo. Yo siempre pienso que las escenas no hay que hacerlas, sino dejar que se hagan. Y que cuando los actores las empiezan a decir, a poner en pie y a darles vida, ellas cobran sentido por sí mismas. En ese aspecto hemos tenido mucha suerte, a la vez que disfrutado, y eso se percibe sobre el escenario. Ha sido un placer llevar a cabo este proyecto.

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Fotografía de Almudena Cadalso

Ha sido entonces un proceso cómodo para todos, tú por ejemplo Álex, ¿cómo has trabajado con Dario? ¿Qué diferencia notas con otros directores?

Álex García: En esta función en concreto (cada una es un mundo) la parte técnica es lo primero que nos arrolló a todos. Pero te vas acostumbrando, desde el día uno de ensayo el audiovisual está ahí y hay un técnico de sonido encargado de echarnos una mano cada vez que nos sentimos perdidos con los micrófonos. Por el lado creativo, Dario deja hasta un punto estremecedor que la escena fluya. No te juzga nunca, y eso como actor da miedo a veces. En los ensayos teníamos la broma del “¿pero todo vale o qué?”. Obviamente luego todo no valía. Pero hasta que Dario se pone firme juega a dejar hacer, y de ahí surgen muchas cosas. En mi caso ha sido un primer encuentro, si volviera a trabajar con él lo plantearía de otra manera porque soy un caballo desbocado que ha intentado frenarse. Conociendo ya esta forma particular de trabajar que tiene Dario, basada en un proceso creativo libre, me dejaría salir más.

¿Lo más difícil de este proceso?

D.F.: El Burlador de Sevilla. La obra es una maravilla, una delicia y un desafío. Pero a nivel creativo es extenuante por las contradicciones y las exigencias que presenta, de las que ni siquiera era consciente al principio. Es muy difícil no enjuiciar al personaje. Y para mí ha sido complicado mantener la distancia idónea. En eso, el trabajo de Alex ha sido increíble porque de una forma intuitiva ha conseguido que el personaje sea fascinante, y sin tener que tomar demasiadas decisiones preconcebidas ni decidirlo intelectualmente, ha sabido cambiar rápidamente al personaje repulsivo e intolerable de la segunda parte de la obra. Por otra parte, el verso es muy oscuro y complicado a nivel textual, ya desde la lectura. Es brutal el trabajo que han hecho los actores, junto a Ernesto Arias, de conseguir que ese texto se escuche, se entienda y se pueda disfrutar o degustar la belleza que hay detrás de los versos.

A.G.: Darío desde el primer día dijo: “No esperéis que esta función sea ni una maravilla ni una mierda. Puede pasar de todo”. Para mí, como actor, era un paso muy importante porque en todos los trabajos que he hecho hasta ahora esperaba la aprobación del público, erróneamente. Deseas que tu trabajo guste, que te digan qué buen actor eres y cómo ha emocionado lo que has hecho. El crecimiento personal ha sido muy fuerte. He logrado crear con libertad absoluta, pensando en seguir asentando el personaje y sin esperar el resultado. Si no se crea con libertad, sino para gustar, al final no sale lo mejor de ti.

D.F.: Este burlador que hace Álex se recordará. Lo veo y pienso, este es Don Juan: el sentido lúdico, sexual, las ganas de vivir, la oscuridad, la violencia, el fracaso vital… Lo he visto en muy pocos Don Juanes.

Darío Facal: Como lector disfruto leyendo prácticamente todo el teatro. Como director lo que necesito es que me inspire a nivel plástico.

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Fotografía de Almudena Cadalso

Una de las cosas que más llama la atención es que no se crea un juicio sobre el personaje, determinando si es bueno o malo. Se presenta como una persona más, que el público decide cómo es. Algo no habitual en el tratamiento de Don Juan. ¿Ha sido vuestro objetivo? ¿Cómo habéis trabajo esto?

D.F.: Totalmente. El teatro debe provocar algo. Si al público le das la reflexión hecha, al final lo único que estás es acomodándole. Personalmente prefiero que el público se enamore y luego se asquee al confrontarse con el personaje. Enjuiciarlo es de una sencillez casi pueril, no tiene ningún sentido enjuiciar un personaje cuando la gran experiencia teatral es confrontarte con él, reírte con él para luego tener que sentirte mal por haberlo hecho y haberte dejado seducir. Precisamente por su ambivalencia es ingente la cantidad de literatura que ha motivado. Es imposible que no te seduzca un Don Juan, como es imposible que no te seduzca una Antígona o un personaje que se levanta contra el poder y la represión. Pero Don Juan transgrede cualquier orden, no conforme a unas convicciones o unos principios, sino que simplemente lo va a transgredir todo. Aquí es donde el personaje se convierte en demoniaco, como muchos lo han denominado.

¿Qué te llamó la atención de Álex para interpretar a Don Juan?

D.F.: Su fortaleza, sus ganas de vivir, su sentido del humor, su falta de pudor… No creo que cualquier actor pueda hacer Don Juan. Para hacer este personaje hay que ser muy libre y al mismo tiempo complejo, en el sentido de que tienes que ser sensible pero a la vez oscuro. Hoy en día, en la época de lo bien pensante, el lado oscuro masculino suele estar bastante reprimido. Es fundamental para un actor tener eso bien desarrollado. Álex tiene ese equilibrio de fuerza, hedonismo, placer, amor por la vida, por la comida, por la bebida, por el sexo… Por todo lo que significa vivir. Y al mismo tiempo la capacidad para ser vulnerable sin que eso se convierta en un armazón que te bloquee como persona.

También es muy fácil que el actor en un momento dado quiera separarse del personaje para que el público no crea que él está de acuerdo. Álex no ha tenido este miedo de encarnar un personaje así, dejando claro al público que él no es el personaje. Se atreve a ser violento, machista, a sentir con total impunidad y luego reírse, pero sin distanciarse del personaje nunca, ni necesitar recordarle al público que él no es el personaje.

A.G.: En este país nos crean la necesidad de salvar a los personajes porque da miedo que el personaje caiga mal. Es algo con lo que llevaba un tiempo luchando y me he encontrado con alguien que me pedía más oscuridad. En la escena de la boda, por ejemplo, Darío lo tenía claro: la entrada de frente, saltando a la mesa. Pero cuando empezábamos a ensayarla no tenía fuerza para subir a esa mesa, con qué cojones llegaba yo ahí a romper semejante fiesta. Y claro, si ya no tiene empatía, ahí menos. Lo único que quiere es cumplir su objetivo. Pero hay que llegar hasta eso.

D.F.: Otro de los aspectos más delicados, debido a la tradición, es que parece que hay que enfocar el montaje desde la perspectiva paternalista del Don Juan que las engaña a todas. Cuando la mujer se deja corromper porque quiere. El conflicto es mucho más poderoso entre un Don Juan que tiene que corromper a una mujer libre que toma sus decisiones.

Alex García: Si no se crea con libertad, sino para gustar, al final no sale lo mejor de ti.

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Fotografía de Almudena Cadalso

Anteriormente has dirigido obras como ‘Sueño de una noche de verano‘, ‘Las amistades peligrosas‘, obras que tienen muchos factores en común como los líos amorosos, la violencia. ¿Qué tiene que tener una pieza para que te atraiga a trabajar con ella?

D.F.: Que sea buena. Como lector disfruto leyendo prácticamente todo el teatro. Como director lo que necesito es que me inspire a nivel plástico. Comprendo el teatro como un arte plástico, no como un arte meramente narrativo. Pienso que contar solamente la historia es insuficiente porque se puede contar la historia mientras produces una experiencia plástica. Es mi forma de entender el teatro, algo que se disfruta a nivel visual. Por tanto espero de un texto que tenga esas oportunidades plásticas para producir grandes imágenes. El Burlador está lleno de esto, igual que lo está ‘Sueño de una noche de verano’ o ‘Las amistades peligrosas’. Pero en el Burlador especialmente, es una obra que tiene una primera parte más luminosa, ligera y con más sentido del humor; luego empieza a entrar en una segunda parte mucho más oscura, perturbada.

¿De dónde nacen ideas como que los propios actores graben las imágenes que se proyectan en la pantalla o el uso de micrófonos de pie?

D.F.: Lo va demandando el propio montaje. Empezamos a ensayar a partir de una intuición, pero suceden cosas y las decisiones van apareciendo. Teníamos una cámara para hacer pruebas porque la idea inicial era trabajar sobre pintura. Esa cámara terminó jugando de una manera distinta y nunca jamás se pintó nada. Las rutas creativas al final buscan su propio fluir. Es muy difícil determinar cuándo sucede.

¿Es complicado integrar y estar pendiente de estos elementos en la escena?

A.G.: Sí, ha sido una parte más del proceso. Se incorporan micrófonos de pie y es algo a lo que hay que acostumbrarse. Igual que con la cámara, es extraño y desde fuera causará entre curiosidad, morbo y rechazo: “¿Cómo será eso de tener un micro en la mano y ser un personaje del s.XVII?”. Pues es una cosa más. Luego te toca hacer ciencia ficción, con un croma verde y pelear con algo que no ves. Somos actores y eso es lo que nos toca.

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Fotografía de Almudena Cadalso

¿Cuál es vuestro personaje favorito de la obra?

A.G.: Don Juan. Siempre que estoy en un trabajo me gustan más otros, es una manía que tengo. Pero Don Juan me gusta mucho. Será porque todavía no lo veo mío. Me queda mucho por descubrirle y saborearle. Es muy interesante, valiente, controvertido, hedonista, sexual… Tiene lo mejor y lo peor de mí.

D.F.: Es indudablemente el personaje más complejo y rico. Pero a mí me gusta mucho el personaje de Tisbea. Es un personaje complicado, que además Manuela encarna con mucha magia y luz. En una primera lectura lo idealizas. Si te atienes a lo que dice, es un personaje raro porque hace un monólogo muy largo diciendo que a ella no le interesa el sexo, para acto seguido tirarse a los brazos de este hombre. Probablemente no le interesaba el sexo por lo que tiene a su alrededor y porque en el fondo ninguno de los pescadores con los que convive la seducen. Cuando aparece Don Juan y le dice “de amar a mar una letra solamente”, ¿quién no se va a rendir en los brazos de alguien que suelta semejante literatura en la Tarragona del s.XVII? De todos los personajes femeninos de la obra, Tisbea es el más desarrollado. Sirve de prisma a través del cual deberíamos ver a todas las mujeres de la obra. Es radicalmente libre, ya que aun sabiendo que le están engañando porque tres o cuatro veces dice “ruego a Dios que no mintáis” (para autoconvencerse), decide tener relaciones sexuales con este hombre. Después, la rabia del Fuego, fuego me parece enternecedora, o el dolor que hay en ese fuego. Hemos intentado montar este famoso texto de una forma lírica, para darle voz a todas las mujeres de la obra, ya que de alguna manera es el dolor de todas esas mujeres que han sido engañadas y que nos gusta pensar que se han dejado engañar. En ese “se han dejado engañar” hay un profundo respeto por la decisión o la libertad de una mujer que disfruta de su cuerpo, del sexo y que ha querido disfrutar de Don Juan.

¿Qué tal con Manuela Vellés, en su primer estreno sobre el escenario?

D.F.: Maravillosa. Ha sido un lujo que Manuela haya querido subirse por primera vez al escenario conmigo. Eso ya es irrepetible. Es una actriz a la que admiro mucho y con la que ya llevaba años queriendo trabajar. Además ha sido muy sencillo e inspirador trabajar con ella. Y se ve que ella también ha disfrutado del proceso.

Terminamos con otro tipo de oscuridad, la de la noche, en nuestra pregunta obligada: ¿Qué os gustaría que estuviera abierto toda la noche?

A.G.: Un teatro.

D.F.: Lo tengo muy claro, una librería. Es un lugar que debería estar abierto siempre. Yo a las 3 de la mañana me iría a una librería a mirar libros, comprar libros y hablar de literatura. Creo que mucha gente iría allí a hablar, ligar, leer… Sería un sitio de encuentro precioso.

El Burlador de Sevilla se baja del escenario madrileño este 29 de noviembre. Un último fin de semana para presenciar una moderna y rompedora puesta en escena que añade nuevos aires al Don Juan de Tirso de Molina.

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