Sexo fácil, películas tristes o cómo enamorarse en Madrid

Lo reconozco, no soy el típico chico con el que se podría ver una comedia romántica. De hecho, creo que son las culpables de la mayoría de los debacles amorosos que sufrimos el género masculino (es mejor dejar un margen de error por si las moscas). Siempre he creído que este tipo de películas nos han puesto el listón tan alto como los cuatro torres de Sauron de la Castellana, y esto ha creado en el imaginario colectivo femenino una división entre:

  • Aquellos que están dispuesto a irrumpir en la oficina y salir con la chica en brazos, mientras sus amigas reproducen con sus móviles la BSO de Oficial y caballero.
  • El resto de infelices que suben y bajan en el mismo ascensor en el que otros se magrean a esperas de repetir la misma suerte de C. C. Baxter en El Apartamento.

Si fuera un test del TELVA, sin duda marcaría la segunda casilla. He preferido excluir la tercera opción por la simple razón de que no me veo, ni ahora ni nunca, compitiendo en esa liga: una versión 7.0 del neo hombre cuyas cualidades económicas y sexuales son insuperables, ni tan siquiera por el mismísimo Tony Starks. Maldito Mr. Grey… Pero al fin y al cabo, en esto también consiste el cine.

1426512575Este juego entre la ficción y la realidad, y el daño que ha hecho el cine al concepto del ‘amor perfecto’, es lo que nos propone Sexo fácil, películas tristes, la primera película de Alejo Flah (@alejoflah) como director. Puede ser que mostrar a un guionista argentino preguntándose ‘¿por qué las relaciones de pareja no son como en las películas?’ resulte algo previsible, pero la realidad es que la originalidad del guionista viene muchas veces de preguntarse la cosa más absurda. No hace falta señalar con el dedo. A mi parecer, los diálogos están bien construidos, dejando siempre una pizca de sano sarcasmo, y la calidad del elenco (Marta Etura, Quim Gutierrez, Ernesto Alterio, Carlos Areces, Julieta Cardinali…), entre los que cabe destacar a la parte argentina, salva algunas escenas repetitivas. La pena es que el espectador no llegue a captar la reflexión principal del protagonista, quedando eclipsada por la superficialidad de la trama amorosa. Quizás esto sea porque al guión le falta profundizar más a la hora de abordar el momento en el que el personaje de Ernesto Alterio se ve ahogado por las ruinas a las que se somete un guionista cuando vende su alma al mejor postor, que suele ser casi siempre.

A pesar del escepticismo hacia este tipo de películas, salí del Yelmo Cines Ideal satisfecho, porque al fin y al cabo, ¿no es también función del cine el conseguir evadirnos de nuestras mierdas diarias? Por qué si no el cine iba a llamarse la industria de los sueños. Billy Wilder lo definió mejor al decir que “si una película consigue que un individuo olvide por dos segundos que ha aparcado mal el coche, no ha pagado la factura del gas o ha tenido una discusión con su jefe, entonces la película ha alcanzado su objetivo”. Y eso fue lo que consiguió en mí Sexo fácil y películas tristes aquella noche del viernes en el que mi móvil practicaba un mutismo absoluto.

Lo que más me gusta de la película es el enfoque a lo Woody Allen en la que ‘mi Madrid’ se confiere como un paraíso ideal para encontrar el amor. Eso me recordó a los besos nocturnos en mitad del barrio de Malasaña, a las miradas furtivas a través de las estanterías de la librería Ocho y medio, una inocente masturbación en la Plaza de la Paja (valga la redundancia), o incluso sentirte como un gilipollas en medio de la Puerta del Sol a causa de algún plantón mientras crees que la estatua de la La Mariblanca se ríe de ti. Eso si, en este auge del amor castizo me ha faltado algo, ya que para mi no hay amor o desamor que deambule por la capital si no es al son canalla de las canciones del Sabina.

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